Virginal
(feliz año)
De repente, hay algo virginal.
La nieve recién caída y la manera en la que la pisamos.
La manera en la que un enfermo crónico
que acaba de ser diagnosticado,
acerca a su boca y toma la primera pastilla de su tratamiento vitalicio.
El sonido de los palillos chinos antes de caer, pero después
del chasquido que han hecho cuando los hemos separado el uno del otro.
Virginales.
Rodeados de ellos. Todos.
Provocan una drogadicción especial las cosas nuevas.
Por eso no podemos evitar andar descalzos por el pasillo
después de haber fregado a conciencia, y luego corremos entre risas
a por los calcetines cuando llaman a la puerta.
Es el espejo que llega a casa, sujeto por las manos enguantadas
de dos operarios, para sustituir a aquel
que rompimos mientras nos poníamos guapos. Virginal para ellos
el tacto de nuestras manos en la propina, nuestras manos
que antes nos han masturbado rápida y agitadamente,
hasta convertir el espacio entre los latidos en el tiempo de un parpadeo.
Igual
que la nieve que acaba de caer antes fue vapor de una hoguera
y que el recubrimiento de los medicamentos en cápsula
está hecho de la piel y los huesos del animal cuya carne
nos ha sabido tan agridulce cuando nos han traído unos palillos nuevos
que se salvaron de la hoguera de tres versos antes.
En el fondo es mentira. Nada es nuevo.
Todo está conectado por el principio.
Y en el principio hay un niño que sujeta con la mano
un rebaño de globos
y de repente,
ve la primera ardilla de su vida y le faltan dedos para señalar.
Virginal.
De repente, hay algo virginal.
La nieve recién caída y la manera en la que la pisamos.
La manera en la que un enfermo crónico
que acaba de ser diagnosticado,
acerca a su boca y toma la primera pastilla de su tratamiento vitalicio.
El sonido de los palillos chinos antes de caer, pero después
del chasquido que han hecho cuando los hemos separado el uno del otro.
Virginales.
Rodeados de ellos. Todos.
Provocan una drogadicción especial las cosas nuevas.
Por eso no podemos evitar andar descalzos por el pasillo
después de haber fregado a conciencia, y luego corremos entre risas
a por los calcetines cuando llaman a la puerta.
Es el espejo que llega a casa, sujeto por las manos enguantadas
de dos operarios, para sustituir a aquel
que rompimos mientras nos poníamos guapos. Virginal para ellos
el tacto de nuestras manos en la propina, nuestras manos
que antes nos han masturbado rápida y agitadamente,
hasta convertir el espacio entre los latidos en el tiempo de un parpadeo.
Igual
que la nieve que acaba de caer antes fue vapor de una hoguera
y que el recubrimiento de los medicamentos en cápsula
está hecho de la piel y los huesos del animal cuya carne
nos ha sabido tan agridulce cuando nos han traído unos palillos nuevos
que se salvaron de la hoguera de tres versos antes.
En el fondo es mentira. Nada es nuevo.
Todo está conectado por el principio.
Y en el principio hay un niño que sujeta con la mano
un rebaño de globos
y de repente,
ve la primera ardilla de su vida y le faltan dedos para señalar.
Virginal.
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